Muchos proyectos de construcción, conservación y modernización se enfrentan al mismo dilema: ¿cómo mejorar el rendimiento térmico de un edificio sin comprometer su estética? Esto es especialmente cierto en el caso del ladrillo visto, la piedra natural, el yeso histórico, el hormigón arquitectónico y las fachadas minerales, donde cualquier capa que altere el color o la textura es inaceptable.
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